Sobre el autor

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Muchas escenas de mi infancia se conservan en una película de Super 8 milímetros que a veces proyecto sobre una pared blanca. Tuve suerte porque la calle Malaya ni siquiera estaba asfaltada en 1968 y todo se hubiera borrado de mi memoria sin la cámara con la que papá nos filmó.

San Juan de la Rambla me vio crecer. Estudié en el Colegio Ángel Guimerá. El centro educativo aglutinaba estudiantes de todo el municipio y de los barrios próximos a La Guancha. Había maestros comprometidos con el pueblo pues la escuela estaba integrada en el tejido social de la villa.

Crecí mirando el mar cada mañana y jugando con mis amigos cada tarde, viviendo una infancia aventurera exenta de peligros.

Icod de los Vinos fue mi segunda patria. Allí estaba mi familia materna: abuelos, tíos y primas. Estudié bachillerato en el Instituto Lucas Martín Espino donde otro buen puñado de estudiantes de la comarca norte se sumaron a la lista de colegas. Gracias a ellos ampliamos los horizontes y aprendimos que el norte es un gran, gran pueblo porque tenía amigos en cada municipio, desde Los Realejos hasta Buenavista del Norte.

San Cristóbal de La Laguna es mi tercera patria. La Facultad de Filología abrió las puertas de las Canarias y sumé otro montón de personas de todas las islas.

Participé en el programa Erasmus y terminé mis estudios en Lisboa, por eso digo que Portugal es mi cuarta patria. Conocí estudiantes de todo el mundo, desde Argentina hasta Japón; fueron decenas de compañeros internacionales que me abrieron el pensamiento: llegué a comprender el verdadero significado de la raza humana y cuan artificiales son las fronteras entre países.

Cada paso de mi vida ha ido ampliando la percepción del mundo que habitamos. Los relatos son un resumen de esta experiencia, una manera de compartir con mis hijos y mis alumnos lo que hasta ahora he vivido.

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